Los comulgantes, Ingmar Bergman (1963)
Märta tiene un eccema que es psicosomático. El empieza a alejarse porque encuentra esta enfermedad físicamente repugnante. Ella se da cuenta con dolorosa lucidez de la falta de amor en su relación. Pero se empeña. Ese hombre es su misión. Hay una mezcla de sinceridad y burla en su credo : «¡Pedí una misión y tú eres esa misión!». Cuando se arrodilla y reza, su rezo no se dirige a Dios. El arrodillarse es un gesto dictado por el espacio religioso en que se encuentra. Pide una fe y una seguridad.
Cuando Tomas está junto al torrente, velando el cadáver de Jonas, ve con claridad meridiana el fracaso de su vida. Unas horas más tarde se venga de quien lo ama. Este hombre no cobarde no puede entonces guardar más silencio. Para su propia sorpresa se oye decir: «La razón, la decisiva, es que no que no quiero tenerte conmigo».«MÄRTA (para sí misma): Entiendo que he cometido un error. Todo el tiempo.
TOMAS (atormentado): Tengo que irme ya. Voy a hablar con la señora Persson.
MÄRTA: No, he hecho mal. Cada vez que he sentido odio hacia ti, me he esforzado en convertir el odio en compasión (lo mira). Me has dado pena. Me he acostumbrado tanto a que me des pena que no te puedo odiar ahora tampoco.
(Sonríe disculpándose -esta sonrisa oblicua e irónica. El la mira rápidamente: la espalda cargada, la prominente cabeza, las grandes manos inmóviles, la mirada que de repente está desprotegida y ardiente, los lóbulos de las orejas que salen por debajo del ralo y descuidado cabello.)
MÄRTA: ¿Qué va a ser de ti... sin mí?
TOMAS: ¡Oh! (Gesto despectivo. Se muerde el labio. Una profunda repugnancia le va subiendo de los intestinos hacia la cabeza.)
MÄRTA (desesperadamente): Oh, no, querido, no podrás arreglártelas sin mí. Te hundirás, mi pequeño Tomas. Nada te puede salvar. Te vas a matar a fuerza de odiarte».El se levanta y va hacia la puerta y durante esos instantes tiene tiempo de vivir una vida aún más espantosa. La vida sin ella. Está irrevocablemente terminada, la muerte reina en la escuela y él se vuelve en la puerta y se oye decir: «¿Quieres venir conmigo a Frostnäs? Intentaré ser bueno».
«(Ella levanta la mirada. Su cara tiene una expresión de severidad y reserva.)
MÄRTA (rígida): ¿De verdad quieres? ¿O es sólo algún nuevo temor que se te ha metido en la cabeza?
TOMAS: Haz lo que quieras, pero te lo ruego.
MÄRTA: Naturalmente. Claro que voy. No tengo elección.»Lo que ocurre es un drenaje. No sólo para él sino también para ella. El suelta la lengua y ella está desamparada. De repente ella se da cuenta de que ha cometido un error, que ha habido un egoísmo brutal en su tormenta sentimental.
Imágenes, Ingmar Bergman
ascárida, 1 de Junio ás 00:32
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