He derrochado mi alma para nada. ¿Cuál de mis semejantes habrá sido digno de sus llamas? De ahora en adelante, esparciré cenizas por las primaveras ajenas. Y yo mismo me enterraré bajo las del corazón y del amor.
Sensaciones e ideas; eso es todo lo que me ha quedado. Porque me he quedado fuera del yo. Que ningún sentimiento adorne ya el desierto de los seres que nos rodean, que mueran los astros que soñábamos ver en sus ojos, que se extinga el cielo al fondo de la pasión. ¡Que el averno invada lo Ideal, que gima a sus pies, caminante ridículo y afligido, que de la sangre sacaste pócimas mágicas y coronas que rematan la nada! Machacaste los impulsos de tu temblor, a los que nadie respondió, a los que nadie sonrió. Oculta tu calavera a la naturaleza llorosa, sacúdela de la materia de los llantos, mata tu futuro en las noches insomnes del suspiro. Sobre el tiempo calvo se deslizan ausencias del mundo y de la pálida vida sólo subsiste un lamento sin voz que se coló en la madriguera de la mente.
Bajas de ti mismo por la escalera del fatal despertar hasta la Ciudad colmada de brisas sonoras y de alusiones de muerte. Y te preguntas sin ningún recato: «¿Dónde me ahogaré? ¿En el Sena o en la Música?».
ascárida, 17 de Junio ás 01:13
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