«Quiero quererte», le había dicho y no hasta cuándo. Despues del primer día febril, Pablo había sabido calmarla. «Sé que podemos tratarnos bien», respondía con seguridad cuando ella vacilaba. Ahora le pasaba una mano por la espalda, sin cesar, estoy aquí, estoy aquí.
Belén Gopegui, La conquista del aire